Estás débil.
Te sorprende el dolor, más bien la ausencia de él.
Esperabas algún tipo de dolor punzante, algo parecido a un dolor de cabeza o a un dolor de muelas, algún tipo de dolor que, aunque siempre está ahí, es fácilmente olvidable y cuando se te pasa es imposible localizar el momento en el que ha remitido.
Esperabas ése tipo de dolor, sin embargo no lo tienes.
O no lo notas.
Crees haber leído en algún sitio el nombre de este estado: ¿simbenia?, algo parecido.
El punto de no sensación o de sensaciones mínimas.
Algo parecido a un estado febril.
Una fase donde te puede parecer que estás flotando y que en cualquier momento te puedes caer o, después de un par de noches en vela, cuando finalmente caes rendid@, esos instantes antes de perder el conocimiento.
No sabes hasta cuando podrás mantener los párpados abiertos.
De hecho, no tienes ni la más mínima idea de cuanto tiempo hace que has empezado a ver borroso.
Ahora ya sólo distingues nubes de color.
El agua caliente ahora es tiña roja, ya no se distingue tu cuerpo desnudo.
Debes llevar un par de horas en el agua.
Notas que la sangre continua fluyendo.
Tenías miedo que las heridas cicatrizasen.
En algún momento empezarás a tener frío.
La hipotermia empezará a hacer mella.
En ese momento descubrirás en qué nivel de energía se mantiene tu cuerpo, sabrás si puedes llegar a temblar.
De hecho ya hace rato que tienes frío, mucho frío.
No te habías dado cuenta.
Otra prueba más de que estás en simbenia.
Y no tiemblas.
Estás débil.
Tampoco sientes tu corazón latir, aunque ésa bien pudiera ser una sensación falseada.
No puedes mantener los párpados abiertos, no tienes fuerza ni para aguantar la cabeza encima de tus hombros.
Cabeceas.
Te golpeas con el borde de la bañera.
No te duele, de hecho, ni siquiera lo has notado, ya no te importa, no importa nada, nada, porque tu corazón ha dejado de latir.
Bienvenid@ a tu muerte.
...o a otra forma de vida.
ResponderEliminarMejor? Peor?
Quién sabe...
Buen domingo.